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Legumbres

¿Hay que remojar las legumbres?

Por , chef, docente e investigador gastronómico. Publicado el 13 de agosto de 2026

En corto: Porotos y garbanzos, sí: 8 a 12 horas, descartando el agua, y después cocción completa hasta que estén realmente blandos. Lentejas y arvejas partidas, es opcional.

"Remojá las legumbres 12 horas" es uno de esos consejos que se repiten sin explicar por qué. Eso lleva a dos extremos poco útiles: tratarlo como un ritual no negociable, o saltearlo pensando que no cambia nada. Ninguno de los dos tiene razón del todo.

Qué hace el remojo, en concreto

Las legumbres crudas contienen compuestos llamados antinutrientes — principalmente fitatos, lectinas y algunos inhibidores enzimáticos — que interfieren con la absorción de minerales como hierro, zinc y calcio. Las lectinas, además, pueden generar malestar digestivo si la legumbre no llega a cocinarse bien. El remojo en agua activa enzimas propias de la semilla que empiezan a degradar parte de estos compuestos, y además los disuelve parcialmente en el agua (por eso se descarta el agua de remojo antes de cocinar).

Y hay números para esto. Doce horas de remojo a temperatura ambiente bajan alrededor del 43 % de los fitatos, y cerca del 49 % si se descarta el agua en lugar de cocinar en ella. Esa diferencia de seis puntos es, literalmente, tirar el agua. El punto clave: "reduce" no es "elimina". El remojo baja bastante los fitatos, pero con las lectinas hace poco: esas las desactiva la cocción a temperatura alta y sostenida — sobre todo con las lectinas, que se desactivan mayormente con el calor, no con el agua fría.

Por qué el "cuánto importa" varía tanto

No todas las legumbres tienen la misma carga de antinutrientes ni la misma respuesta al remojo. Los porotos (sobre todo los rojos) tienen niveles más altos de lectinas y se benefician mucho de un remojo largo seguido de cocción a hervor fuerte. Las lentejas y las arvejas partidas, en cambio, tienen cáscaras más finas y niveles más bajos — por eso muchas recetas las cocinan directamente sin remojo previo, y funciona bien.

También importa cuánta cantidad comés y con qué frecuencia: para alguien que come legumbres ocasionalmente, la diferencia nutricional del remojo es marginal. Para alguien que las come a diario como fuente principal de proteína y hierro, maximizar la absorción de esos minerales sí suma con el tiempo.

El remojo reduce antinutrientes, no los elimina. La cocción completa el trabajo — es la combinación de los dos pasos la que realmente cuenta, no el remojo solo.

Y la digestión: hinchazón y gases

Acá el remojo sí hace una diferencia perceptible para mucha gente, aunque por un mecanismo distinto: buena parte de los oligosacáridos (los azúcares que el intestino no digiere bien y que las bacterias del colon fermentan, generando gases) se disuelven en el agua de remojo. Descartar esa agua — y no reutilizarla para cocinar — es el paso concreto que más ayuda con la hinchazón, más que el tiempo exacto de remojo.

Cambiar el agua una o dos veces durante el remojo, y enjuagar bien antes de cocinar, potencia este efecto sin necesidad de remojos extremadamente largos.

En la práctica

Fuentes

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